Las falsas disculpas del señor Smith

Disculparse, pedir perdón, supone haber entendido que hemos actuado mal y que nos degradamos, aunque sea solo por unos momentos, para superar la situación de conflicto que hemos generado. Es un mecanismo sencillo que requiere autocrítica. Una autocrítica sincera, de la que muchas personas parecen incapaces. El señor Will Smith es un claro ejemplo de lo que digo. El hecho de ser mimado por la sociedad de la exhibición y del ego no ayuda en este ejercicio a aquellos que se sienten “celebridades”. Vamos a analizar desde la comunicación este comportamiento.

Will Smith escucha, en un acto público, cómo el presentador, cuyo cometido es enlazar la entrega de los diferentes premios Oscar con dosis de humor (el mismo formato sería insoportable si no se le añadiera este ingrediente), hace una broma sobre la apariencia física de su mujer (no valoro aquí si la broma hacía gracia o respondía a las risas que provoca el resbalón provocado por una piel de plátano en el suelo). Will Smith insulta al presentador, se levanta y le atiza en la cara. Este es el hecho. Luego resulta que se disculpa. Lo hace dos veces.

La primera vez que se disculpa, en la propia gala, se excusa diciendo que ha defendido a su familia y, sobre todo, resalta que “el amor te hace hacer locuras”. Resulta evidente que esto no es una disculpa, puesto que traslada al otro la culpa de todo (“he defendido a mi familia” de algo que ha hecho otro) y que traslada a fuerzas ocultas que mueven nuestro comportamiento sin que podamos impedirlo: en este caso, el amor.

Ya Gorgias, maestro de sofistas, defendió a Elena de Troya hace 2.500 años, en una maniobra en la que mostraba su técnica defendiendo causas perdidas y cambiando el parecer de las gentes, diciendo que no se la podía culpar por abandonar a su marido porque había sido arrebatada por el amor.

La segunda disculpa, realizada a través de un texto publicado en Instagram, la escribe dos días después. Es decir, que es una nota mucho más pensada y trabajada.

Esta es la primera frase: “La violencia en todas sus formas es venenosa y destructiva”. Esta primera frase es la que enmarca el resto del texto -por eso es la primera- y, a la luz del debate generado durante las siguientes 48 horas después del tortazo, viene a decir que hay que tratar igual tanto el chiste sobre la alopecia de su mujer como el bofetón que él soltó: en ambos casos se trata de violencia. Queda claro que este inicio no enmarca una disculpa, sino que ha repartido las culpas a medias. No voy a entrar al trapo de la voluntad de Smith de igualar ambos comportamientos ni voy a argumentar en este texto las diferencias notabilísimas que hay entre las bromas en un entorno público (“je suis Charlie”) respecto a cualquier respuesta de violencia física. Solo voy a analizar el tipo de disculpa que escribe con la mente fría y con toda su conciencia en acción.

Ya se ha visto que una disculpa que acusa al otro no es una disculpa, pero en el análisis posterior esta intuición inicial se corrobora. Dice Smith que acepta las bromas (¡faltaría más, solo los dictadores las impiden!) y propone una adversativa para el resto: “pero la broma sobre la condición médica de Jada fue demasiado para mí y reaccioné emocionalmente”.

Aquí hay tres elementos que analizar:

  • El “pero”. Cuando se construye la frase con un “pero”, lo que hay antes de la adversativa funciona como una cortina de humo; lo que realmente opina quien la pronuncia es lo que dice después del “pero” (Por ejemplo, no es lo mismo “Estaba bien preparado, pero fracasó” que “Fracasó, pero estaba bien preparado”. Con las mismas palabras, en la primera frase se evidencia el fracaso del sujeto y en la segunda se lo salva). En este caso, queda patente que el señor Smith no acepta bromas sobre su mujer.
  • No son bromas sobre su mujer, cuidado, son sobre “la condición médica” de su mujer. Tratar la alopecia como una condición médica convierte en enfermos a un porcentaje altísimo de hombres. Pero Smith ya se ha encargado de poner el adjetivo “médico” para mostrar lo inapropiada que es la broma, según él. Con las cosas médicas, con las enfermedades, no se juega. Es decir, que Chris Rock es culpable de todo lo que le pasó luego.
  • El tercer elemento habla de su reacción. La situación vivida era tan insoportable para él que, en lugar de abandonar la sala y perderse los 15 minutos de gloria que iba a tener luego, decidió abofetear al bromista, circunstancia que él trata como una reacción “emocional”. No señor, Smith, no. La reacción emocional fueron los pucheros que regaló a la audiencia cuando recogió el Oscar, el soplamocos es un acto de violencia real y física. Tratar la violencia física como una reacción emocional es como informar que la víctima de un disparo ha muerto de insuficiencia cardiorrespiratoria y no por el propio disparo.

No es con una lluvia de eufemismos que se piden disculpas.
Disculparse no es repartir las culpas con quien hemos agredido. Disculparse no es justificar las acciones por fuerzas irrefrenables que controlan nuestro comportamiento (en este caso, el amor). Disculparse no es exagerar la broma introduciendo conceptos que asustan a nuestra sociedad (las enfermedades). Disculparse, finalmente, no es eufemizar nuestra acción. Disculparse es simplemente decir con sinceridad en público que nos hemos equivocado. No hay que olvidar que justificar es comprender y comprender es permitir que vuelva a suceder algo similar en el futuro.

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